La historia de Terror Do Corso


¡Farolitos de colores encendidos en el alma para Terror Do Corso!

En 1967 nacía una expresión que con el paso del tiempo cobraría un significado impensando por sus iniciadores: “Terror Do Corso”; un repique y una forma de ver el carnaval que hizo historia.

La bomba ya se escuchó, pero muchos aún no ingresan, todavía dan vueltas en sus casas buscando algo que ponerse. La participación está asegurada solo hay que encontrar el atuendo, tal vez el más ridículo, no importa, la idea es otra, juntarse entre varios para sumar a Terror.
Las ramas de ruda a los costados disimulan el espeso humo que en el interior se respira, en el corazón de esa multitud de personas, un zurdo y un redoblante se destacan para marcar el ritmo por sobre los demás que llegaron con su latita de cerveza donde colocaron el arroz o las semillas para seguir la magia del grupo.
Tener una impresión vívida de Terror Do Corso no es llamativo, más en una ciudad que abrazó esta expresión de los carnavales como propia. Pero ¿cómo era hace 40 años?
Cómo olvidar a Raúl Pedemonte recibiéndolos con ese latiguillo suyo y nuestro al fin.
Pero, ¿cómo empezó a gestarse la idea?; y ¿cómo fue ese verano de 1967 para aquellos 14 muchachos de tan solo 17 años, la mayoría músicos, que decidieron fundar esta forma de ver el carnaval?
Orlando Vera es uno de ellos, que aquí será nuestro interlocutor encargado de llevarnos a esos días, cuando él era un joven más con sueños y una valija pronta para partir a otros rumbos. “No fue algo espontáneo, lo gestamos como una semana antes de presentarnos por primera vez, el carnaval de ese año ya había dado comienzo”.
Según nuestro entrevistado, la idea fue de Eduardo Cabrera (baterista de los Panters y de Morocho Carlomagno) y el nombre de Terror Do Corso pertenece a Alberto Suaret, “más conocido como ‘Cachicha’ el profesor (de Filosofía y Letras) que hizo su carrera afuera”. Sauret era baterista y creador del Grupo Los Bachis.
“En la lista originaria aparecen también Julio Albornoz, Jorge el ‘Colorado’ González, mi hermano (Edgardo), que aunque no fue músico profesional como los citados tenía la condición, Ricardo Lagares, ‘Tucho’ Ruiz Díaz, Pin Escobar (guitarrista de Paraná que tocaba con Los Bachis), Arturo Méndez (músico de la primera formación del grupo Acción), Hugo Héctor Anguilante, Pacuca Reggiardo, Carlos Curuchet, ‘Pitoco’ Acuña y por ahí estamos los catorce…”.
Vera asegura que el nombre -y tal vez el ritmo- (N. R.) surgió de un grupo, brasileño que había contratado Morocho Carlomagno para tocar en su confitería Moroco, “recuerdo que el tecladista de ese grupo se llamaba Side West. Nosotros los escuchamos en los ensayos, es más creo que dimos una vuelta con ellos por el circuito (en ese entonces por plaza San Martín), previo a la salida como Terror Do Corso”.

Impresión
“Lo anecdótico de esto es que fue una locura juvenil de allegados a la música, éramos músicos, aclara.
A continuación refiere: “salimos para divertirnos y para divertir. Llevábamos careta, hecha de bolsa, con los agujeros a la altura de los ojos y la boca, arrancamos por la esquina de la confitería de Rizzi (Sarmiento y San Martín) y al llegar al Banco Entre Ríos seguimos para abajo, muertos de calor, nos sacamos el disfraz, dimos la vuelta por detrás (El Instituto Kennedy), seguimos por Matanza y subimos por Sarmiento nuevamente y entramos sin careta por la esquina de la Municipalidad y dimos la vuelta a la plaza que era el circuito oficial”, sonríe.

Después del ‘67
La respuesta de la gente fue de aprobación y al año siguiente se repitió la fórmula un poco más organizada. Pero siempre como una expresión de diversión. “En aquella época para salir solo había que pedir permiso y nada más, el carnaval era muy participativo, la entrada era libre y gratuita. Los premios, que entregaba la Municipalidad (organizadora del evento), no eran tan importantes, pero había muchos clubes que participaban con una carroza”, recuerda.
La mayoría de los que emigró en busca de otros horizontes laborales y profesionales volvió después de varios años, “viste que los victorienses volvemos siempre para el verano, y eso que habíamos generado ya había crecido y contagiado a otros. Porque antes del ´67 no existían escolas, ni batucadas en el carnaval victoriense”, aseguró.
Hacia 1980 volvieron con una organización más cuidada, auspiciados por el Club 25 de Mayo, y durante tres años consecutivos ganaron el primer premio de scola. “Hicimos ‘El Show’ el primer año, luego se llamó ‘El Circo’ y el tercer año la expresión se caracterizó por recrear todos los personajes de Disney”, puntualizó.

La actualidad
Esta noche Terror festejará sus 40 años participando del carnaval, y con algunos de los integrantes originales de aquel verano de 1967, la organización promete un homenaje que quedará en el recuerdo. Para Vera es un acercamiento con los más jóvenes que son los continuadores, “vino bien para plantear un cambio que promueva una organización más seria. Terror es de todos y no es de nadie; el espíritu sigue firme, tal vez le faltaría más orden, que debería salir de quien produce el carnaval”.
Por último, Vera señaló que el carnaval actual es un híbrido, entre espectáculo y popularidad, que irá cambiando y quienes lo integran deberán ir absorbiendo ese cambio adecuándose a los requerimientos de una ciudad con visión de turismo. Fuente: Paralelo 32 - 17/2/07




"Todos somos Terror Do Corso"

A 45 años de aquella primera incursión de un grupo de músicos victorienses que decidió formar su propia scola do samba. • Eduardo Cabrera habla de la esencia y se muestra crítico con la nueva organización.


Victoria.- Un verano de 1967 nacía Terror Do Corso, promovida por un grupo de 14 muchachos de tan solo 17 años, la mayoría de ellos músicos, que decidieron fundar una forma de ver y sentir el carnaval.
Eduardo Cabrera (baterista de los Panters y de Morocho Carlomagno), podríamos decir que fue el padre de la criatura, pero el nombre pertenece a otro baterista y creador del grupo Los Bachis, Alberto Sauret, más conocido como 'Cachicha' el profesor (de Filosofía y Letras), quien desarrolló su carrera fuera de la ciudad.
Pero a 45 años de aquella histórica 'primera salida', Paralelo 32 quiso saber qué impresión tiene Cabrera del carnaval que se avecina. "No puedo opinar sobre algo hipotético, hubo una enunciación de parte de esta gente que asumió la organización de los carnavales, pero hasta que no veamos los resultados, es nada más que una exclamación de buena voluntad".
Nuestro entrevistado remarca que, en lo que toca Terror, es una mezcla de candombe y bazucada; "no se puede negar la influencia uruguaya, no tanto del Brasil. Y el secreto de Terror Do Corso es que es una expresión libre, espontánea, absolutamente democrática, y sobre todo participativa. Tal es así que cuando en los albores de nuestras salidas ganábamos algún premio, nos preguntábamos de quién era: ¿del que convoca, de quien presta los instrumentos o la casa…? es difícil de definir, y por ello siempre lo donamos".
Cabrera (62) vuelve sobre las palabras de Cachicha para señalar que "todos somos Terror Do Corso, porque los que salimos, después (otro día) nos ubicamos en la vereda para aplaudir el paso del carrusel".
Salir al circuito integrando Terror ha sido casi un ritual al que muy pocos se han resistido, y entre quienes no pudieron resistirse y formaron parte de su desfile de algarabía y desprejuicio estuvo el desaparecido intendente Juan Carlos Stratta, quien en oportunidad de los 25 años de la expresión les entregara una placa en la que consignaba: 'Terror Do Corso, la expresión del pueblo'.
"Hubo muchos otros, personalidades y de todos los ámbitos que se unieron a esta expresión; sería bueno que estas personas (Fullscreen) salieran una noche para ver la esencia del pueblo y comprendieran que no debe relegarse al lugar que ocupa hoy, dejándolo al cierre del carrusel, sino tal vez al comienzo, inaugurándolo".
Cabrera piensa que no es justo el lugar que ocupa hoy Terror, por tradición, historia e idiosincrasia, "no creo que los muchachos se sientan parte del pan y circo, no obstante lo cual Terror debería tener un lugar preponderante. Lo demás es muy profesional".
Los clubes

Nuestro interlocutor insiste en la premisa de que la participación de las expresiones en el carrusel debe canalizarse a través de los clubes, la barriada y el sentimiento de pertenencia. "Si ese club monta una carroza u otra expresión, y gana, el barrio gana, y la participación también es distinta; y puede generar divisas para esas instituciones que se involucran".

En 2007, y con motivo del cuarenta aniversario, los integrantes de aquella primera formación de Terror decidieron crear la Sociedad Filantrópica con el nombre de su scola do samba, "y que tiene que ver con esta misión de seguir gestionando desde otro lugar en pos de la cultura, el intercambio entre las orillas, por nuestros autores, artistas y músicos, al que por involucrar a Rosario lleva también la inflexión de puente cultural".
Cabrera dice sentirse orgulloso de que le sigan diciendo que es un bohemio y soñador, que siempre amó su ciudad, sus personajes emblemáticos, y esos lugares típicos donde se gestaban las cosas, "nuestra sociedad filantrópica reconoció a dos esquinas con el nombre de Luis Capatto y Hugo Rizzi, como gente que quiso mucho a su pueblo, en el reconocernos y repensarnos, estamos haciendo una sociedad más justa, alegre y solidaria; esto no se compra, vende, ni regala".
Esa esencia del sentir popular del carnaval a la que se refiere Cabrera no la circunscribe solo a Terror, sino que también la sitúa en "los carromatos, los caballitos de lona, o el Rancho de Julio Flores, por nombrar algunos; después está lo demás, y no digo que esté mal, sino que hay que dejar lugar a la mixtura".
Por último nuestro entrevistado nos trasladó al carnaval que se hacía en torno a las calles del centro cívico, "cada quien reorganiza su discurso de acuerdo a lo que le conviene; esto es bien claro y que le caiga el sayo a quien sea. Los que hablan de la belleza de hacerlo en la zona ribereña por su naturaleza, deberían hablar de la invasión de mosquitos, el carnaval de los largos espacios de espera entre las expresiones, de la incomodidad y de los que tienen auto y moto para trasladarse. Ahora rescatamos lo natural, pero casi siempre esto se aprecia de día, de noche resulta un tanto difícil; más aún cuando el carnaval se hace de espaldas al río", concluyó.

En el archivo… esos bohemios con ritmo
"En la lista originaria aparecen también Julio Albornoz, Jorge el 'Colorado' González, mi hermano (Edgardo), que aunque no fue músico profesional como los citados tenía la condición, Ricardo Lagares, 'Tucho' Ruiz Díaz, Pin Escobar (guitarrista de Paraná que tocaba con Los Bachis), Arturo Méndez (músico de la primera formación del grupo Acción), Hugo Héctor Anguilante, Pacuca Reggiardo, Carlos Curuchet, 'Pitoco' Acuña, y por ahí estamos los catorce…" (Recorte de la nota realizada por Paralelo 32 a otro integrante, Orlando Vera con motivo de los 40 años de Terror Do Corso).
Vera asegura que el nombre -y tal vez el ritmo (N. R.)- surgió de un grupo brasileño que había contratado Morocho Carlomagno para tocar en su confitería Moroco, "recuerdo que el tecladista de ese grupo se llamaba Side West of Carioca. Nosotros los escuchamos en los ensayos, es más, creo que dimos una vuelta con ellos por el circuito (en ese entonces por plaza San Martín), previo a la salida como Terror Do Corso".
"Salimos para divertirnos y para divertir. Llevábamos careta hecha de bolsa con los agujeros a la altura de los ojos y la boca, arrancamos por la esquina de la confitería de Rizzi (Sarmiento y San Martín) y al llegar al Banco Entre Ríos seguimos para abajo, muertos de calor, nos sacamos el disfraz, dimos la vuelta por detrás (El Instituto Kennedy), seguimos por Matanza y subimos por Sarmiento nuevamente y entramos sin careta por la esquina de la Municipalidad y dimos la vuelta a la plaza que era el circuito oficial". Nota Publicada en Paralelo 32 el 23/01/2012